Está claro que cada rincón del hogar tiene un gusto particular, y hasta un afecto distinto para cada integrante de la familia. Living, cocina, baño y habitaciones tienen un encanto propio.

Cada uno de ellos se destaca por su gran diversidad de formas y gustos que puede adoptar. Pueden ser cuadrados, rectangulares, con forma de “L” e incluso tener dentro otras habitaciones más pequeñas, solo por nombrar algunos ejemplos.

Un aspecto clave que define la personalidad de cualquier tipo de habitación es la iluminación. Es distinto contar con luz natural que ingrese por algún tipo de ventana, que tener solo iluminación artificial producto de la limitación de espacio.

Para lograr resaltar la luz, e intentar generar un ambiente a gusto de cada individuo de la familia, el color se presenta como un gran aliado al momento de crear personalidades, combinaciones o estilos.

Por esta razón, a la hora de construir o equipar cualquier tipo de habitación es útil tener claro de antemano cuál será el color de base.

El color y la percepción

El color no pasa solo por cuestión de gustos, sino que también tiene la capacidad de transmitir distintas sensaciones y modificar el ánimo y el bienestar de los ocupantes de un espacio.

Además, combinado con distintos materiales y revestimientos, se puede jugar con la percepción.

Por ejemplo, los colores más cálidos o fríos hacen que el espacio pueda parecer más grande, mientras que los tonos oscuros hacen que parezca más cerrado o pequeño.

Las tonalidades son tan importantes, que en la psicología comprende un enorme campo de estudio: el comportamiento. Según la misma teoría, el color puede “sentirse” por cada individuo de manera diferente.

Deprimir o estimular; generar alegría o tristeza; y despertar actitudes pasivas o activas son solo algunas de las sensaciones que se pueden crear al jugar con la exposición al color.

En la práctica

Cada hogar es un mundo distinto. No solo por el estilo impuesto por los habitantes, sino también por su diseño y arquitectura.

Por lo anterior, es normal encontrar casas con pasillos estrechos o anchos, livings con techos bajos o altos, pisos de madera o de mosaicos, o techos bajos y altos.

Y aquí surge el color como aliado para componer nuevos ambientes. Y es que no solo se pueden emplear distintos tonos, sino también disposiciones que cambian la perspectiva y permiten “alargar” o “achicar” el entorno según gustos.

Incluso hasta se puede destacar un elemento particular de decoración si así se desea.

Así, teniendo en cuenta el color y la disposición, también es posible adaptar cada habitación del hogar de acuerdo a las necesidades de cada integrante de la familia, sin necesidad de crear un nuevo espacio físico.

Es decir, un color blanco o tonalidades claras son ideales para lograr un ambiente tranquilo y relajado, que podría ser aprovechado para estudiar, por ejemplo.

Para tener en cuenta

Para crear la experiencia espacial deseada, existen ciertos “trucos” a la hora de disponer los colores de una habitación.

• Ampliar: si se quiere generar una sensación que permita ampliar el entorno, el método recomendado es aplicar colores claros, los que reflejarán luz natural haciendo que las superficies parezcan más grandes.

• Compactar: al contrario de lo que sucede con la idea de ampliar, una habitación muy grande puede hacerse más acogedora si se opta por colores fuertes y oscuros.

Los colores absorberán la mayor parte de la luz natural y generarán un ambiente “envolvente”.

• Bajar el techo: según el tipo de construcción o simplemente por gustos, hay casas que presentan un estilo de techo bajo. Si bien es cierto que se puede transmitir una percepción de refugio, no siempre es lo que se desea lograr.

Para hacer que el techo parezca más alto, es aconsejable distribuir los colores más fuertes por encima de los claros, pintando preferentemente el techo completamente.

 • Estirar: en otras situaciones, se busca todo lo contrario, lograr un efecto de techo alto. Para hacerlo, pintar las paredes de un color más oscuro y dejar el techo blanco o de un color claro es una muy buena opción.

• Aumentar el ancho: pintar la pared posterior y el techo de un color más oscuro, dejando las paredes laterales de color claro, hará que el espacio parezca más ancho.

• Hacer el espacio más angosto: lo contrario a lo anterior. Disponer los colores más oscuros en las paredes laterales y dejar el techo y la pared de fondo más claras, logra que ante la percepción de la mirada el espacio sea más estrecho.

• Acortar: si lo que se desea es hacer que la pared de fondo - sea cual sea - se perciba más cerca, un buen truco cubrirla de un tono oscuro y hacerla contrastar con colores más claros.

• Destacar: a veces, se quiere resaltar una decoración u objeto en particular

Por ejemplo, se puede destacar un cuadro, se puede pintar el fondo del sector donde va a colocarse de un color a elección (generalmente blanco o negro), colocar el cuadro y posteriormente las paredes contiguas de un color contrastante.

Además de prestar suma atención al color de las paredes, es de mucha importancia no descuidar la combinación con el resto del mobiliario.

Un consejo es intentar lograr la mayor cohesión en el ambiente posible, es decir,

procurar que los tonos utilizados compongan un ambiente armónico, sin llamar demasiado la atención visual inmediatamente.

Otra idea para crear diferentes entornos de percepción es tener en cuenta el revestimiento de las superficies, e incluso el material con que están construidos los muebles.

Asimismo, también se sugiere cuidar los detalles de decoración (el color del marco de un reloj, por ejemplo), ya que pueden resultar lo suficientemente atractivos o no para romper el esquema visual.

La gama de colores es inconmensurable. No obstante, hay dos que se destacan por el su uso generalizado: el blanco y el negro.

El primero es neutro, por lo que es ideal para que esté presente en cada estilo de decoración que se quiera generar; es sobrio y transmite la sensación de calma. Además, se puede conseguir conjugar perfectamente la luz natural y la luz artificial.

En contraparte, el negro se destaca por su marcada personalidad. Llama la atención sin importar la cantidad que se emplee. Es el símbolo de la elegancia, el prestigio, la seguridad y la exclusividad.

Decorar no es llenar de muebles y objetos un espacio. Decorar es aplicar la minuciosidad en cada toma de decisión por más pequeña que sea.