El 1° de Julio de 1949 se fundó la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), por lo que en 1985 los profesionales de esta disciplina establecieron esta fecha para recordar la creación de la entidad y para celebrar el Día Internacional del Arquitecto.

En 1996, la misma UIA decidió trasladar el festejo al 1° de octubre, con el objetivo de que coincidiera con el Día Mundial del Hábitat. No obstante, y poniendo sobre la mesa el evidente apego por las tradiciones, la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos (FADEA) resolvió mantener la fecha original.

Así, el primer día del séptimo mes de todos los años se celebra el trabajo y la vocación de aquellos expertos que hacen capaz una vida más confortable, segura y bella a través de sus obras y edificaciones. Al mismo tiempo, se honra a los versados de esta rama que han sabido representar a Argentina en el mundo, como Mario Roberto Álvarez, Clorindo Testa, Flora Manteola, Odilia Suárez, Teresa Egozcue y el icónico César Pelli, entre muchos otros.

Este último ostenta ser uno de los arquitectos más importantes del mundo, teniendo en su currículum el haber sido responsable de las Torres Petronas, en Kuala Lumpur, las cuales mantuvieron el título de ser las más altas del mundo hasta el año 2003.

La importancia de la arquitectura

Escultura, declamación, danza, música, pintura, cine y arquitectura son las 7 Bellas Artes tradicionales. Cada una de ellas engloba distintos aspectos individuales que en su conjunto reflejan la buena técnica para comunicar y expresarse mediante las más diversas formas, como el sonido, los colores, el movimiento y lo material.

Justamente, lo material y la arquitectura se encuentran unificados con el propósito de materializar ideas que sean funcionales a brindar protección y faciliten los quehaceres diarios de los humanos.

En este sentido, la importancia de la arquitectura en cualquiera de sus escalas de trabajo es inconmensurable, debido a que técnicamente es la responsable de la construcción de edificios, casas y múltiples construcciones en donde las personas desarrollan sus vidas.

La definición de la profesión es extensible desde el mobiliario hasta la totalidad de la ciudad como unidad, ya que la misma constituye alguna de las principales normas socioeconómicas y culturales que posee una sociedad contemporánea, siendo una potente herramienta para dar respuesta a una de las principales necesidades de cualquier ciudadano: un lugar digno, cómodo y propio donde vivir.

Louis Kahn, renombrado arquitecto del siglo XX, definió a la arquitectura de manera precisa con unas simples pero acertadas palabras: “la construcción reflexiva de espacios”.

La palabra transversal en la materia es creación. Tomando este concepto como eje, también es posible apreciar su importancia a través de la historia reciente dado a que, hasta hace apenas unos siglos, los arquitectos no solo se encargaban de construir y diseñar edificios y casas, sino también parques, plazas y espacios públicos, especialización que en la actualidad se conoce como paisajismo.

En tanto, la creación de objetos de uso cotidiano dentro de los habitáculos dio lugar a otras dos ramas que son el diseño industrial y el interiorismo, cada una con sus propios objetivos y complejidades.

A diferencia de otras formas de arte, la arquitectura rodea a cada persona con el solo hecho de caminar por un barrio o ciudad, dotando a cada región del planeta con su propia identidad que se ve proyectada en la forma y diseño de cada edificio.

De esta forma, no solo proporciona un entorno físico para vivir, sino que se trata de una expresión en sí de la cultura de cada pueblo, algo así como un organismo en donde la estructura, la función y la estética se combinan, tres pilares que ya describía en el siglo I el arquitecto e ingeniero romano Marco Vitruvio.

Breve historia de la arquitectura

Como si de un oxímoron se tratase, la larguísima historia de la arquitectura parece haber nacido hace apenas unos siglos. Sin embargo, los restos arqueológicos e incluso las ruinas y algunos monumentos que datan de hace miles de años y aún siguen en pie demuestran que la concepción de esta surgió en la prehistoria, al unísono de la evolución de los pensamientos humanos.

En este período la arquitectura estaba ligada a la idea de abrigo, en donde los seres humanos buscaban refugio de la intemperie en cavernas. En gran parte, fue la búsqueda de protección contra las inclemencias climáticas lo que motivó a la Humanidad a trabajar la piedra y, posteriormente, nuevos elementos.

Cabañas, chozas de madera y grutas fueron algunas de las primeras construcciones y espacios utilizados por los grupos prehistóricos que, con el paso de los siglos, comenzaron a incorporar a la edificación elementos fuertemente vinculados con las creencias religiosas de la época.

Conforme las sociedades evolucionaron, los edificios también lo hicieron, generalmente, de la mano con conflictos bélicos. Ese es el motivo por lo cual algunas de las ciudades de antaño cuentan con un fuerte perfil militar en su configuración que, básicamente, se caracterizaba por la presencia de murallas.

En simultáneo, las civilizaciones - la gran mayoría aisladas entre sí - se desarrollaban con una fuerte arquitectura religiosa que respondía a leyendas, dioses y demonios; un mundo que aún carecía de la rigurosidad científica que siglos después derivaría en curiosas y llamativas construcciones.

La arquitectura y el urbanismo realizado por los romanos y los griegos fue para destacar, debido a que las ciudades comenzaron a incorporar espacios que permitían desarrollar la vida ciudadana más cómodamente. Tal es el caso, por ejemplo, del ágora, un espacio público donde se llevaban a cabo asambleas.

Ya en la Edad Media, la expresión arquitectónica era responsabilidad de las autoridades locales según los credos de la sociedad. Sin embargo, sí podían diferenciarse de manera clara tres estilos: bizantino, románico y gótico. En todos los casos, la mayor aplicación de tecnología estaba destinada a la creación de templos religiosos, tal es el caso de las catedrales.

En todo este período no existió la figura - ni como persona solitaria ni como grupo de personas - de la arquitectura. En cambio, eran los maestros (quienes tenían información) y los obreros (quienes ejecutaban) los encargados de llevar adelante la elaboración de casas, edificios y espacios públicos.

Con el paso de los años, los regímenes de poder del mundo - con diferencias en sus cronologías, pero cambios en fin - mutaron, por lo que nació el Renacimiento, un movimiento que, en la arquitectura, rechazó la estética y cultura medieval para imponer el antropocentrismo.

Fue entonces cuando los “nuevos” arquitectos de la época redescubrieron antiguos tratados romanos que marcaron la nueva arquitectura y que, sumado a la libertad científica del momento, se pudo concretar un avance en las técnicas constructivas y en la creación de nuevos espacios que, lógicamente, también permitían nuevas actividades y experiencias.

Entonces, la cultura renacentista fue capaz de adquirir nuevos conocimientos, tales como el control de cúpulas y arcos, estructuras que hasta ese entonces no eran comunes ni predominantes.

Finalmente, fue la Edad Contemporánea la que terminó de completar - por ahora - el repertorio de técnicas de los arquitectos. En esta etapa, la tecnología y las paradojas culturales provocadas por la Revolución Industrial le dieron a las ciudades nuevas caras.

El largo, cambiante y complejo proceso histórico de la arquitectura, desde la primera cueva, que buscaba proveer refugio; hasta el más moderno rascacielo, que brinda una gran estética, tiene como objetivo hacer la vida de las personas más confortable y, también - a veces sin darse cuenta - ser una expresión de las capacidades humanas en el tiempo.

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