Cada 29 de mayo, la Federación Internacional de Arquitectos y Diseñadores de Interior (IFI, por sus siglas en inglés), conmemora el Día Mundial del Diseño de Interiores, con el objetivo de fomentar el intercambio cultural e impulsar la transmisión de ideas creativas a nivel internacional.

De hecho, este año, el slogan es “Diseño como conversación global”. Según se aclara desde IFI, la nueva edición es particularmente atractiva por ser la segunda vez en que se desarrolla dentro de un contexto inhabitual (causado por la pandemia), en donde se siente más que nunca la necesidad de compartir pensamientos y nuevos conceptos.

Una breve historia de esta profesión

Jennifer Gibbs, conocida filántropa y coleccionista de arte neozelandesa, comenta en su libro “Guía útil para estudiantes y profesionales” que “el hombre ha intentado embellecer su entorno instintivamente desde el mismo momento en que decoró las paredes de las cuevas con pinturas primitivas”.

Si bien no existe evidencia directa de que la humanidad haya dibujado en el interior de cuevas con fines decorativos, sí es innegable que la raza humana es una especie creativa por naturaleza. Por eso, puede decirse que durante decenas de miles de años el ser humano ha ido perfeccionando este arte.

Justamente, el diseño de interiores es una expresión de creatividad. No obstante, la profesión del diseñador de interiores como tal no fue reconocida sino recién hasta la época del Renacimiento.

En esos años, la idea del “Hombre Universal”, es decir, aquel que extendía su conocimiento a varias áreas como la ciencia, la arquitectura, la literatura y el arte, entre otras, permitió el desarrollo del mecenazgo, un patrocinio financiero otorgado a artistas y científicos con el fin de permitirles acabar su obra. Así, poco a poco, surgieron artistas que se dedicaban específicamente al decoro del interior de estructuras.

Tradicional e históricamente, se le atribuye al artista francés Charles Le Brun el título del “primer diseñador de interiores”, principalmente por su participación en la decoración del Palacio de Versalles, una obra encargada por el entonces rey de Francia, Luis XIV.

La creatividad es inherente al interiorismo

A lo largo del tiempo, los diseñadores han tenido como objetivo innovar en este campo, intentando marcar una revolución en los gustos de las distintas sociedades por diferentes esquemas que se ajusten a su historia y cultura. Es por eso que, en la actualidad, es posible apreciar distintos estilos que son el resultado de miles de años - literalmente - de evolución de costumbres, creencias y preferencias de diferentes pueblos.

Pero, ¿no es que el objetivo de cada diseñador de interiores es romper lo establecido e imponer un estilo propio? Por supuesto que sí. De hecho, es aquí donde el concepto de creatividad: “crear de la nada”, tiene todo el sentido del mundo, ya que cada profesional busca ser original, dejar su impronta y, a la vez, crear un espacio funcional.

Así y todo, en diseño y arquitectura existe un factor que es transversal: el gusto del cliente. Es por esto que, más allá del proceso creativo individual de cada diseñador, generalmente siempre se siguen las mismas tendencias que hacen que los proyectos sean catalogados dentro de un mismo esquema.

La magia sucede cuando el diseñador logra convencer, mediante hechos, que sus lineamientos serán originales, cumplirán el propósito y también satisfará los gustos del cliente.

Entonces, si siempre se intenta crear nuevas cosas y ser innovador, ¿por qué muchas veces a través del diseño de interiores o la arquitectura “se vuelve atrás”? ¿A tiempos pasados? Simplemente porque la creatividad también está estrechamente vinculada a la memoria, a imágenes mentales que recuerdan el conocimiento adquirido como civilización y, porque el mismo proceso de creación surge a raíz de lo que la sociedad demanda, necesita o propone en un momento determinado.

La funcionalidad del diseño de interiores

La esencia de lo arquitectónico, que involucra el diseño de cada interior, responde a una necesidad humana de brindar refugio, adaptarse a un tipo de actividad, dar comodidad o, simplemente, ser admirado. 

Y la creación de un espacio en donde sus habitantes se sientan cómodos surge - además de la propuesta del diseñador - de los gustos de cada individuo, que están afinados por pensamientos, sentimientos y conductas independientes a la del resto de la sociedad.

Por esto mismo, es conveniente tener en cuenta que los estados de ánimo de las personas pueden verse afectados si los ambientes no generan el confort deseado. Créase o no, una mala disposición de elementos puede generar dolor de cabeza, una combinación de colores inoportunos insomnio y muebles en lugares incorrectos pueden ocasionar accidentes domésticos.

Lo anterior es solo un ejemplo de muchos que reafirman que la decoración de interiores debe realizarse a conciencia plena, adaptada a gustos y personalidad de quien resida en ese ambiente o para que quienes lo transitan se sientan cómodos y absorban la sensación que se quiere transmitir.

La idea es brindar comodidad y felicidad, dos cualidades que van de la mano y que tienen como objetivo generar un estado de ánimo positivo que se traduce en un buen rendimiento y humor.

Lamentablemente, la gran mayoría de las personas cree que contratar a un diseñador de interiores o incursionar en este ámbito requiere una suma de dinero onerosa, pero lo cierto es que no necesariamente, ya que el mueble correcto, el color indicado o las texturas adecuadas son suficientes para saciar preferencias y ofrecer un tipo de experiencia más amena y acorde a los habitantes.

Por ejemplo, no será la misma una decoración para una persona aficionada al deporte, en donde seguramente se le incluya pantallas por varios lugares de la casa o se revista cada habitación de una manera cómoda y práctica, que de una familia, en donde generalmente se opta por diseñar espacios para cada integrante del grupo, y dejar algunos espacios en común “neutros”, es decir, donde la convivencia del grupo sea posible en un lugar común.

Por lo tanto, se puede afirmar que el propósito del diseño de interiores es ser funcional a las actividades que se desarrollan en un ambiente y enriquecerlo estéticamente considerando edades de los ocupantes, intereses, nivel sociocultural y proyectos.

No se trata solamente de hacer que un ambiente se vea armónico y sea agradable a la vista, sino también - y principalmente - hacer que los ocupantes se sientan seguros, mantengan una actitud positiva y se sientan en un ambiente confortable.

En este día, se celebra una de las profesiones más bellas e influyentes, una poderosa profesión capaz de cambiar para bien - a veces imperceptiblemente - el humor, comportamiento y personalidad de cada persona.

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