Frank Owen Gehry es el nombre de uno de los arquitectos contemporáneos más reconocidos y célebres del mundo. A sus 92 años, el canadiense continúa siendo noticia por las particulares formas e innovaciones con las que juega al diseñar edificios.

Actualmente vive en Estados Unidos y, desde allí, el pasado 9 de febrero se conectó vía Zoom a una reunión pública de la ciudad de Toronto - donde él nació - para presentar los modelos finales y solicitar el permiso a la ciudad para realizar unos pequeños cambios en uno de los proyectos más grandes en los que ha trabajado: King West.

En esa metrópoli, en la esquina de las calles King y Duncan, vivía junto a su familia el coleccionista de arte David Mirvish, a quien se le ocurrió en 2012 la idea de levantar allí algunos edificios.

Durante los meses posteriores, Gehry presentó su visión inicial a través de modelos físicos que se destacaban por ser esculturales y excéntricos; fiel a su estilo.

Inicialmente, estaban previstas tres torres de entre 80 a 85 metros cada una con una fachada en forma de cinta que las conectaba entre sí.

En 2014, la ciudad aprobó un diseño real que cambiaba los tres edificios por dos y, luego de un cambio de propiedad, se comenzó a gestar un masivo proyecto que en total demanda dos millones de pies cuadrados de construcción.

Las torres

La torre oeste y este tendrán una altura de 298 y 262 metros, respectivamente. Son los edificios más altos jamás diseñados por Gehry, quien ha salido airoso a lo largo de su trayectoria al enfrentarse a desafíos y limitaciones comerciales y técnicas de manera recurrente.

Tanto la altura como la densidad fueron aprobadas en 2017 por la ciudad. Ese mismo año, David vendió su plan al desarrollador Great Gulf, quien lleva adelante el emprendimiento justo a Westdale Properties y Dream Unlimited hasta la actualidad.

En tanto, las últimas mejoras han desplazado levemente la base de los edificios para ensanchar la calle que corre a sus pies, e incorporar al paisaje urbano la fachada del histórico edificio Anderson, construido en 1915.

Los dos rascacielos totalizan un total de 2.087 departamentos de condominio, y se distribuyen de manera mixta instalaciones para la Universidad OCAD, tiendas comerciales, oficinas y un hotel.

En comparación con la última versión pública de 2018, los cambios recientes en interiores son mínimos. No obstante, ha cambiado parte de la expresión arquitectónica tanto en la forma como en las texturas; se han refinado y simplificado.

Las dos construcciones aún llaman la atención y respetan el diseño original: “cajas” apiladas asimétricamente que se extienden en voladizo en diferentes direcciones.

La fachada exterior consiste en un revestimiento compuesto por vidrio azulado y acero texturizado. Ambos materiales están especialmente pensados para brindar un delicado juego de luces, ya que además de proporcionar un paisaje único, los paneles de cada torre se inclinan hasta un metro hacia afuera para captar la luz en diferentes ángulos.

El acabado del acero está especialmente diseñado para ser parcialmente reflectante, logrando una textura tridimensional que, durante el día, será capaz de dispersar los rayos de luz para provocar un “efecto cascada”.

A la vez, el conjunto de piezas exteriores enmarcará ventanas cuadradas, un claro indicio de que Gehry se valió de los recuerdos de edificios de su infancia en Toronto durante las décadas de 1930 y 1940.

Se espera que la venta de departamentos comience en 2022.

Las sensaciones de su creador

Frank hace hincapié en que “su” par de edificios posee una personalidad única de la que carecen las construcciones que los rodean.

Según él, el extraño y llamativo diseño surgió de la necesidad que sintió por que las torres “hablaran entre sí”. El punto es crear una complementación dinámica entre ambas capaz de modificar el horizonte del paisaje dependiendo desde qué punto de la ciudad se las observe.

Además, su estilo arquitectónico siempre se caracterizó por hacer que sus obras reaccionaran al entorno urbano.

Por ejemplo, cuando en 1970 empleó una cerca de eslabones de cadena para su casa familiar, tomó prestado un material muy común por ese entonces del paisaje circundante al sur de California. Mientras, otro de sus edificios más emblemáticos, la Torre Beekman, en Manhattan, está inspirada en sutiles características del centenario edificio Woolworth, a muy pocas cuadras.

En sus palabras, Gehry hace énfasis en un objetivo: que el nuevo par de torres de Toronto dé forma al paisaje urbano que las rodea, diferenciándose de la arquitectura “banal” típica de los edificios residenciales de la ciudad.

En la reunión pública mantenida vía Zoom, dijo: “La intención del proyecto siempre fue la de crear un conjunto de edificios respetuosos con la ciudad y referenciales a la Toronto que una vez conocí. Estos deberían ser edificios que representen y enorgullezcan a la ciudad”.

Mitchel Cohen, director de operaciones de Westdale Properties, señala que el proyecto “representa el regreso a casa de Frank Gehry a la ciudad que ama, y será uno de sus logros arquitectónicos más significativos”.

Cabe recordar que Gehry es ganador de un premio Pritzker y, con 92 años, aún continúa trabajando apasionadamente desde su estudio en Los Ángeles, donde las ideas brotan para recorrer el mundo y crear fantásticas salas de conciertos, museos, pabellones o, como es el caso, increíbles edificios que enaltecen una ciudad que de por sí ya es bella.