Un satélite artificial es, técnicamente, un objeto puesto en órbita de manera intencional con el objetivo general de enviar y recibir datos vinculados a las comunicaciones masivas, tales como la telefonía, la televisión o el Internet.

También están aquellos lanzados con fines militares y otros de uso científico.

Desde el Sputnik 1, lanzado por la Unión Soviética en 1957, con unas escuetas dimensiones de 56 centímetros de largo y 83 kilogramos de peso, hasta el James Webb - aún en tierra - del tamaño de una cancha de tenis y 6 toneladas y media de peso, los satélites han ido evolucionando a lo largo de las décadas con el objetivo de aprender más sobre la Tierra y el Universo, y facilitar los hábitos diarios de miles de millones de personas.

Sea como sea, la palabra satélite evoca un objeto sumamente sofisticado, totalmente metálico, enorme y de tecnología de punta.

No obstante, las agencias espaciales y distintas compañías privadas ya están comenzando a desarrollar sus primeros satélites de madera.

WISA Woodsat, el primer artefacto de este tipo

WISA Woodsat es un nanosatélite con unas dimensiones de apenas 10 x 10 x 10 cm y con un peso de 1 kilogramo. Utiliza un tipo de madera especial contrachapada recubierta llamada WISA, para sus 6 paneles exteriores.

La misión, diseñada por la empresa finlandesa Arctic Astronautics, que fabrica kits de nanosatélites para instituciones educativas, tiene como principal objetivo poner a prueba el comportamiento y la durabilidad de este material en las duras y extremas condiciones del espacio, pudiendo trazar la fiabilidad del empleo de la madera para misiones futuras.

El pequeño artefacto estará equipado - entre otros instrumentos científicos muy sencillos - con dos cámaras, una de las cuales apuntará hacia la superficie del planeta y otra estará conectada a un palo de selfie, lo que le mostrará al equipo en tierra cómo cambia la superficie de la madera contrachapada en un entorno hostil.

Samuli Nymanm, ingeniero en jefe de WISA, explica que el material base para la madera contrachapada es el abedul. “Básicamente, estamos utilizando lo mismo que uno encontraría en una ferretería o en un local para hacer muebles”, explica.

“La principal diferencia es que la madera contrachapada ordinaria es demasiado húmeda para usos espaciales, por lo que colocamos nuestra madera en una cámara de vacío térmico para secarla. Luego también realizamos la deposición de la capa atómica, agregando una capa de óxido de aluminio muy delgada”, agrega.

El óxido de aluminio, un compuesto químico que se utiliza normalmente para encapsular componentes de electrónica, evita que la madera libere gas en el entorno espacial y, además, protege la superficie contra la exposición al oxígeno atómico presente en la transición de la atmósfera con el espacio exterior.

Dicho oxígeno fue descubierto por primera vez luego de que corroyera las mantas térmicas de las primeras misiones en los transbordadores espaciales de la NASA.

Su poder de acción es tal, que los responsables del WISA Woodsat esperan que el mismo oscurezca los paneles de madera contrachapada y los someta a un gran estrés. Aún así, es parte del plan y el pequeño satélite debería sobrevivir al entorno extremo sin inconvenientes.

Pero el empleo de la madera en el satélite no es la única novedad, ya que la compañía también aprovechará la oportunidad para probar distintos barnices y lacas en algunas secciones de la madera.

Arctic Astronautics voló con anterioridad otro cubo de madera a bordo de un globo meteorológico. Sin embargo, no pasó la Línea de Karman, es decir, aquel límite imaginario entre la atmósfera terrestre y el espacio exterior.

WISA es el resultado de años de trabajo y la aplicación de nueva tecnología. Será lanzado en noviembre de 2021 en un cohete Electron, de la compañía Rocket Lab, alcanzando una órbita polar, es decir, de entre 500 y 600 kilómetros de altura, incluso por encima de la Estación Espacial Internacional.

Lo curioso es que los instrumentos serán alimentados por pequeños paneles solares laterales. Además, llevará una carga útil de radioaficionado, lo que le permitirá a cualquier persona captar la señal y obtener fotografías en crudo.

Por qué madera y no otro material

Según la Union of Concerned Scientist (UCS), la organización que lleva un conteo oficial de la cantidad de satélites que orbitan la Tierra, el número total de estos aparatos activos al 1° de enero de 2021 era de 3.372; un número que promete crecer exponencialmente.

Como se mencionaba en un principio, la cantidad de lanzamientos desde 1957 ha ido en aumento, por lo que en la actualidad - según reporta la Agencia Espacial Europea (ESA) - se estima que existen alrededor de 29.000 restos de basura espacial mayor a 10 cm; 670.000 mayores a 1 cm y casi 200 millones de partículas superiores al milímetro de diámetro.

Parecen tamaños inofensivos, pero lo cierto es que moviéndose a una altísima velocidad representan un serio peligro para el resto de los aparatos que se encuentran en órbita, como así también suponen un potencial problema para los astrónomos y futuras misiones tripuladas.

Por lo anterior, el objetivo es el de disminuir la cantidad de basura espacial, algo que es difícil de hacer con los estándares actuales de los satélites, los cuales se encuentran construidos por distintas aleaciones metálicas.

Aquí es donde entra en juego la importancia de las propiedades de la madera.

Construyendo satélites plenamente funcionales con este material como base, se podrá garantizar que, al final de su vida útil, los artefactos caigan a la Tierra y se desintegren casi totalmente en la atmósfera.

Esto último no sucede con los satélites tradicionales de metal, los cuales se queman pero dejan en las capas superiores de aire partículas de óxido de aluminio que, puede torcerle el brazo al equilibrio natural de la atmósfera.

Se espera que los resultados de los experimentos realizados por los instrumentos a bordo arrojen información relevante que permita avanzar hacia una nueva generación de satélites, así como también datos que enriquezcan el conocimiento sobre el comportamiento de este multifacético y sorprendente material en las condiciones más extremas.